lunes, 17 de septiembre de 2007

DANCER IN THE DARK

«Mientras Karl descendía, alzaron al lado de la escalera, sobre el tablero indicador, esta leyenda: negro, trabajador técnico». 
Franz Kafka

Yo vi una descripción de unos Estados Unidos de América pavorosos, que pueden ser el desarrollo cinematográfico de un capítulo final para la novela inconclusa de Franz Kafka, «América».
Considero un indicio de ello, la trama que opone una sociedad pervertida por sus relaciones y sistemas de producción, que conducen a, y desencadenan la crisis de valores de sus miembros, guardianes y preceptores, al sumergirlos en una fruición y ficción consumistas encarnadas en un policía falseador de la realidad y suicida verdugo de una obrera checa (checoeslovaca) cuya obsesión, secreto, obcecación (Darkness) es darle salud a su hijo sin padre.
La manipulación y forjamiento de la realidad que realiza el representante de la ley, conduce a la obrera al cadalso, y en esa ruta, en la galería; en el pabellón de los condenados a muerte, aparece fugaz, entre música y ritmo el único negro del film, como una imagen especular, como revelación de un aspecto de esta checa –comunista-, desposeída, obrera, «trabajadora técnica» igual que Karl (negro de la novela de Kafka), frustrado en su búsqueda del paraíso en América.
La película contrapuntea (alterna) dos formas narrativas; una argumental dramática, con una cámara que respira con intención objetiva de mostrar la historia secreta de una madre trabajadora, educadora y protectora de su único hijo y su relación con un policía prevaricador y otra, musical, apacible, plena de ritmo y armonía, que nos transmite las fantasías y mundo interior de una mujer que canta y baila porque se ama y ama.
Escrito por:
Pedro Laya

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