martes, 9 de octubre de 2007

ALEJANDRA FONSECA: «Yo estoy más dispuesta a la luz»


El cine y sus protagonistas (2007)

¿Mujeres directoras en el cine Venezolano? Si; se pueden contar con los dedos de las manos. ¿Mujeres directoras de fotografía en el cine Venezolano? Si; pero sobran los dedos de una mano para contarlas. Por eso, no podía Iribarren films perder la ocasión de dialogar con Alejandra Fonseca una de las pocas damas que ejercen la profesión de Dirección de Fotografía. Eres muy joven; ¿Cuál es tu trayectoria? 
Soy Licenciada en Cine, de la Escuela de Medios de la Universidad de Los Andes. Pertenezco a la primera promoción. De ésto hace cinco años.
Cinco años parecería poco tiempo en una profesión; pero tú has tenido mucha actividad. Cuéntanos.
Mi especialidad dentro del cine es la dirección de fotografía. Esto es lo que más me gusta y apasiona. Actualmente tengo una serie en Vive TV sobre la infancia rural en Venezuela que se llama “Tres Vidas”. Esta primera temporada realizamos trece capítulos. El mes entrante comenzaremos la segunda temporada y serán doce capítulos. También me gusta dirigir. ¿Cómo toda mujer? ¡Claro! He dirigido un corto llamado “Naturaleza” que gano el Simposio de Estética de Italia ¿Ficción? Si; ficción. Igualmente, como directora, realice para la serie “Somos”, que se trasmite por Tele Sur, cinco documentales sobre las etnias Guayú, Añú y Yucpa. También trabajos personales en documentales con el CNAC y La Villa del Cine como: “El cartero Guayú”(ganador del premio Documenta 2007), “La constitución habla en Guayuúnaiki en Venezuela” y “La mujer en la cultura Guayú”. Luego ganamos la “Residencia Artística”…
¿Qué es “Residencia Artística”? 
Es una beca del convenio G3: Colombia, México y Venezuela. Se otorga para efectuar un trabajo audiovisual en alguno de los tres países.
¿Cómo lo ganaste?
Se abre el concurso; se envían recaudos y proyecto. El comité de los tres países analiza las ideas y selecciona el que les parece más idóneo. El nuestro era “La constitución habla Guayuúnaiki en Colombia” Se rodó en la Guajira Colombiana. También hice la dirección de fotografía para “Perolita” una ficción de Patricia Ortega en Maracaibo. Igualmente una serie para televisión con títeres animados que se llama “Casi todos los inventos”
¿Cómo directora de fotografía?
Allí fui asistente y camarógrafa principal. Y , por supuesto, la dirección de fotografía en “Amábilis”.
¿Por qué directora de fotografía? Podrías haber sido: guionista, ama de casa, piloto de aviones, policía. ¿Por qué específicamente, directora de fotografía? 
En principio, fue el teatro lo que llamo mi atención. Desde el colegio hice teatro. Allí, la iluminación y las luces, me atrajeron profundamente. Luego mi papa; me regalo una cámara. Hice cursos de fotografía. Ya en tercer año de bachillerato sabía que mi profesión estaba entre el teatro y lo audiovisual. Eso y entrar a la carrera de medios en la universidad fue una sola cosa.
En nuestro imaginario, ser director de fotografía es oficio de hombres. ¿Cuáles son las dificultades que afronta una mujer en este oficio?
Muchas. En Venezuela, mujeres directoras de fotografía conocidas serán como tres. Este trabajo tiene una exigencia impresionante. Hay que tener mucha fuerza.
¿Física o mental?
De las dos. La primera vez que llegue a un set, quisieron tener consideraciones conmigo porque era una niña. Sin embargo, el director se opuso. Tenia que cargar la misma cantidad de equipos y cables que el resto. Además, yo no quería ser subestimada. Si ellos podían; yo también.
¿Discriminación?
Nunca. Jamás. Por ser mujer siempre me trataron con delicadeza y consideración. El jefe de área, como es mi caso, siempre tiene gente por debajo de el, jerárquicamente hablando. Esto es muy delicado. Hay que conjugar el carácter con la persuasión.
Fuiste la Directora de fotografía de “Amabilis”. Cuando te presentaron el proyecto ¿Cuál fue tu propuesta estética?
Cuando leí el guión de “Amábilis” por primera vez, me pareció muy bello y bien estructurado. Muy contemplativo. El personaje era fascinante. Pionero del cine nacional. Además, el ya tenía su estética propia.
¿A qué te refieres con la estética propia? ¿Qué tenía Amábilis Cordero?
El fue un fotógrafo que trabajo con luces suaves, colores pasteles, decorados en óleo. Eso permitió establecer la dirección a tomar. Lo trabajaríamos con luces suaves. Evitaríamos las luces fuertes y el contra luz para no marcar las facciones. La idea seria suavizar las expresiones pues la historia no tiene villanos ni personajes contrastados.
Los colores se observan muy suaves.
En postproducción le dimos un tratamiento al color, desaturando los colores, haciendo vivos nada más algunos: como el amarillo, el azul o el rojo para semejar esas fotografías que la esposa de Amábilis tomaba en blanco y negro y luego retocaba con óleo y pinceles.

En Carora no hay humedad. Es una tierra caliente; brillante. Teniendo en cuenta esa luz. Ese sol. Esa luminosidad. Esos colores intensos. ¿Cómo trabajaste la fotografía?
Se asumieron los lugares como un segundo personaje; sin opacar al personaje principal. Se ilumino por zona. No el lugar completamente, sino, los elementos del lugar. La propuesta fotográfica tiene tres elementos o facetas. Cuando el personaje es joven y estudia cine. Cuando es realizador. Y en su declinar.
¿Cómo matizaste cada una de ellas?
Al principio, la propuesta fotográfica es muy brillante y los colores son muy vivos. Eso se va atenuando, a lo a largo de la historia, hasta su muerte.
La luz va decreciendo, significativamente.
Si, El personaje sufría de glaucoma. Su visión disminuía. Lo reflejamos, paulatinamente, a todo lo largo de la historia.
Teniendo en cuenta que son tres facetas. ¿Qué ritmo le distes a la cámara?
Al principio; dinámica, participativa. Al final es mucho más contemplativa, más desde afuera. Más descriptiva y menos integrada al relato.
¿Alguna dificultad en el rodaje que recuerdes?
Debíamos realizar el rodaje de la fiesta. Era un plano secuencia largísimo. El llamado fue para las cinco de la tarde y a las nueve de la noche ya estábamos listos. Cuando Isabel se aprestaba a dar la voz de acción… se abrieron los cielos; cayendo una lluvia como de cuatro horas. Dicen que en Carora no llueve ¡que tal si lloviera!
Lógicamente; los afectó.
¡Claro! Esa era una escena muy difícil. Era en exteriores. Tuvimos que desmontar todas las luces y volverlo a hacer al día siguiente. La lluvia altero todo el cronograma. También en exteriores confrontamos problemas. La luz del sol en Carora es muy dura. Es muy fuerte. Es muy difícil de manejar. Hay una escena cuando ellos están viejitos frente a la escuela. Yo tenía que hacer un dolly circular contra el cielo. Pero, el mismo, estaba completamente blanco. No podía “bajarle” al cielo – en cuanto a luz – porque los “bajaba” a ellos también. Tampoco podía eliminar el cielo porque estaba dentro del encuadre. Fue muy difícil. En exteriores -de día- la luz no llevo la intencionalidad de la historia. Fue mucho más dura.

En la escena de la botica; de la farmacia. ¿Cómo fue trabajar con Asdrúbal Meléndez?
Asdrúbal Meléndez es la historia del cine nacional ambulante. Con Asdrúbal se trabaja con mucha comodidad. El es un artista integral. El le da a una, como camarógrafa, el ritmo; la pausa. Además, transmite serenidad y seguridad al grupo.
Tus trabajos son como tus hijos. ¿Cuál de ellos es el favorito?
Tengo una debilidad por un corto en blanco y negro, con el cual ganamos un premio Kodac, llamado “Mala Pécora”. Es un corto de un minuto en formato de 35 mm. Allí fui directora de fotografía e hice la cámara. Igualmente “Perolita” de Patricia Ortega, de quien tengo muchas esperanzas
Para terminar, algunos directores de fotografía venezolanos y extranjeros, que sean tus preferidos o admirados.
Mi maestro y a quien más admiro Cesary Jaworski, Alejandro Widerman, “Cheo” Rojas, Mauricio Siso… De los extranjeros mis favoritos son: Vittorio Estoraro, Néstor Almendros, César Charlone…
Si tuvieses que escoger: directora de fotografía o directora de películas.
Yo estoy más dispuesta a la luz. A la sensibilidad de los objetos. Al color. Definitivamente: Directora de fotografía.
Entrevista:
Pablo Arapé