domingo, 2 de noviembre de 2008

CARLOS DÍAZ: «sea ficción o documental, siempre estamos contando una historia»


El cine y sus protagonistas (2008)

Contar una historia es el principio y sentido de cualquier producción audiovisual. Esa historia que en términos técnicos conocemos como el guión, tiene que tener el suficiente atractivo y fuerza; para generar emociones y conmover al espectador. Es lógico pensar entonces, que escribir una buena historia no sea tarea fácil. Para ayudarnos en tal sentido, Iribarren Films tuvo la oportunidad de conversar con Carlos Díaz, destacado guionista venezolano, quien nos comentará sobre aspectos importantes de la escritura de guiones.
Eres el guionista de las películas «Habana Havana» y «Tocar y Luchar». Cuéntanos de tu carrera, ¿cómo incursionas en el mundo del cine?
Un día hace ocho años un viejo amigo de la adolescencia me propuso que escribiéramos entre los dos unos guiones que él tenía la misión de entregar para una serie de televisión llamada «Los Últimos», que luego fue transmitida por Televen en el año 2001. Eso fue lo primero que hice como guionista y siempre recuerdo con especial afecto aquél ofrecimiento de ese amigo que quiso compartir su trabajo de guionista conmigo.Un par de años después le conté a otro amigo un cuento de Cervantes llamado «El Forastero», que le gustó mucho; por lo que me pidió que escribiera un guión inspirado en ese cuento para hacer una película que luego se llamó «Habana Havana». Fue el primer guión que escribí para un largometraje de ficción. Eso fue entre diciembre de 2002 y enero de 2003 mientras algunos aquí andaban como locos viendo cómo hacían para sacar a Chávez de la presidencia. Seguidamente, con este mismo amigo escribí un guión muy particular, pues se trataba de una obra de teatro-película en la que a ratos los personajes aparecían sobre las tablas y a ratos sobre una pantalla de cine. Esa obra tuvo muy buena receptividad en el público; fue una adaptación de «La Muerte de Un Viajante», de Arthur Miller. Lo que se hizo allí fue trasladar el drama de la obra a un contexto latinoamericano, recreándolo específicamente con personajes de un barrio merideño. Más tarde, en el año 2004, colaboré (con el mismo amigo) en la historia de «Tocar y Luchar». Esa fue mi primera experiencia con un guión documental, y fue sencillamente maravillosa. Al año siguiente, y nuevamente por iniciativa de este amigo, escribí un guión documental sobre la Casa Amarilla de Caracas, que aún no se ha realizado. Finalmente, y con el mismo amigo, para variar, colaboré en los primeros esbozos para una historia sobre la vida del Libertador; pero nada más que eso. Y ahí vamos…
Una buena historia o una historia bien estructurada, ¿cuál resultaría en un buen guión?
¿Qué es una buena historia? Supongo que una que nos transmita una buena dosis de eso que McKee llama «emoción estética»; esa particular sensación de experimentar, a un mismo tiempo, una profunda emoción plena de significado; esa experiencia es un fenómeno universal y en el cine ocurre sólo con las buenas historias. Una buena historia puede hacer un buen guión si se sabe presentarla de una manera que nos permita a los espectadores ser tocados por esa experiencia maravillosa. Por otra parte, entiendo la estructura como la forma en que son presentados los acontecimientos de una historia; algo así como la estrategia escogida por el guionista para entregarnos la sucesión de escenas que forman su historia. Así, una historia bien estructurada puede ser una que nos entregue una sucesión convincente de escenas, con un orden y estilo bien definidos, capaz de transmitirnos un sentido con su particular ilación. Pero creo que una historia bien estructurada no necesariamente hace un buen guión, pues la historia puede estar bien estructurada pero ser bien aburrida y nada atractiva. Volviendo a aquella idea de la “emoción estética”, me inclino más a creer que lo que hace a una historia “buena” es su poder para hacernos sentir fuertes y fascinantes emociones que surgen como consecuencia de nuestra comprensión del sentido de la historia; ese íntimo y mágico objetivo por el que toda historia desea ser narrada.
La composición dramática, desde los comienzos del drama, ha tendido hacia la estructura en tres actos. ¿Qué valor tiene esta forma de estructura?
La estructura en tres actos es importante cuando se tiene conciencia de la forma temporal como discurren los fenómenos en la vida. Si nos detenemos a pensarlo un poco, nos daremos cuenta de que todo lo que percibimos ocurre en forma de proceso y no en forma de instantaneidades; como las historias, que, discurriendo entre un comienzo y un final, requieren tiempo para ser narradas. En este sentido, el proceso de la historia es el proceso de la narración, y ese proceso es un fenómeno temporal. Ahora bien, sólo cuando ocurren cambios significativos en la vida de unos personajes podemos decir que tenemos una historia que contar, pues cuando es así simplemente querremos saber, querremos ver, lo que producirán esos cambios en la vida de los personajes y cómo terminarán los mismos; y lo que tal vez sea lo más emocionante: qué sentido tendrá la historia de estos personajes, sus cambios, para nosotros mismos. Creo que cuando tenemos conciencia de estas cosas, es cuando entendemos que la estructura aristotélica de los tres actos nos permite presentar el principio, desarrollo y fin de esa alteridad que es la historia de una forma que resulta natural.
Considerando que el escritor puede jugar con lo creado por él. En la ficción, ¿sería relativamente fácil estructurar una historia? Y si la historia es real, ¿cómo desarrollar un guión para documental?
Ya dijimos que la estructura es la forma cómo son presentados los acontecimientos de una historia. Sea la historia de ficción o real, es algo que hay qué hacer; y en cualquiera de los dos casos no siento que sea algo relativamente fácil. Y no lo es porque eso precisamente es crear la historia al darle orden a esa creación. Ese orden que es la estructura, es pues, común a ambas narraciones (ficción o documental); y emergiendo de él nos encontramos con el íntimo propósito de toda historia: producir emociones estéticas plenas de significado. De modo que la limitación que implica la realidad de lo narrado es sólo aparente cuando advertimos que, ya sea ficción o documental, siempre estamos contando una historia. Si se trata de un documental el énfasis debe ser la búsqueda en esa «realidad» que se pretende documentar a ver si conseguimos algo bueno qué contar, para luego ponernos a soñar y experimentar con la forma en que lo contaremos. En el caso del documental creo que es importante no olvidar que también existe la posibilidad de informar de manera indirecta a medida que vamos tejiendo una historia, que puede ser por lo demás atractiva.
Los personajes son elementos muy importantes en una historia, porque ellos le dan dimensión y la mueven en nuevas direcciones. ¿Qué aspectos se deben considerar a la hora de desarrollar los personajes en un guión?
Creo que es importante conocerlos bien, imaginar sus vidas, aprender a sentir sus emociones, sus miedos, sus alegrías. Es necesario saber cómo reaccionarán ante los cambios que crearemos para ellos. Deberíamos pensar si las decisiones que éstos toman ante tales cambios serán suficientemente atractivas como para seguir contando su historia, y si sus deseos más íntimos pueden lanzarlos hacia nuevas situaciones que sean capaces de atraparnos a nosotros como espectadores. Se podrían decir tantas cosas de los personajes. Pensando estratégicamente podemos concebir a los personajes como las piezas de un tablero de ajedrez o de «go». Cada uno juega un papel necesario y bien diferenciado en la trama, ese otro tablero que es el argumento de la historia. Sus movimientos van tejiendo la estructura que crean sus decisiones ante los cambios que ocurren en sus vidas. Sus deseos o la ausencia de ellos son el puente universal hacia nosotros; en ellos nuestros mundos se tocan, y somos iguales y vivimos lo mismo.
Nuestra cinematografía parece experimentar un nuevo impulso, protagonizado por una generación de jóvenes realizadores y un sinnúmero de nuevas producciones. Los guiones han sido por mucho tiempo el blanco de las críticas a nuestro cine. ¿Crees que ésto, está cambiando? ¿Cómo aprecias la calidad de las historias en la actualidad?
El guión siempre debería ser el blanco de las críticas de cualquier película, pues él ya es la prefiguración de un sentido y de una forma. Si esa propuesta una vez convertida en imágenes en movimiento no gusta a un buen número de sus espectadores, el guión es el principal responsable. Creo que la aceptación o rechazo de un filme por parte de un público numeroso y universal puede ser el mejor indicador para construir una crítica sensata a su guión. No estoy seguro de que la calidad de las historias en la actualidad esté mejorando. En efecto ahora hay mucha más producción de películas y no dudo de que ese empuje deba traer más pronto que tarde una mejora y perfeccionamiento de nuestra narrativa cinematográfica, esa es la esperanza. Por otra parte siento que hay nuevos talentos que necesitan una oportunidad. Sólo un trabajo serio y comedido puede dar buenos resultados de un momento a otro.
Entrevista:
Guillermo Chávez
Foto cortesía de:
Cine Club Charles Chaplin