martes, 25 de noviembre de 2008

Hernán Jabes, una realidad en el panorama cinematográfico venezolano

En Macuro, pueblo costero del oriente del país, la planta eléctrica falla con todo lo que ello tiene de negativo para la comunidad. La fábrica de cemento, que da trabajo directo a gran parte de la población, tiene una planta que no usa. Los habitantes de Macuro, ven allí, la solución de sus males. Sin embargo, la planta eléctrica les es negada. La consiguiente lucha de la población para conseguir sus objetivos son la excusa para presentarnos esta "opera prima" de Hernán Jabes – el mismo de 900 Pánico y La Librería - producida por la Villa del Cine.
Hernán Jabes no es una joven promesa; es una realidad que emerge del nuevo talento en Venezuela. Macuro es prueba de ello. Las sobrias actuaciones, la dirección de fotografía, la dirección de arte. El uso de la cámara en mano y los planos secuencias le dan a Macuro toda la personalidad que Jabes ha sabido imprimirle a sus anteriores trabajos.
Pese a ello, el desempeño no es parejo por inconsistencias del guión, el cual pertenece a Eduardo Troche. La historia pretendía ser uno de los mediometrajes que componían un tríptico; pero Jabes y la Villa del Cine le vieron méritos para transformarlo en un largo. Entonces, la adaptación del guión corrió a cargo de Hernán Jabes.
Una película, podría decirse, tendría que ser contada de la manera más real posible; para poder inducir al público a vivir la gran ilusión. De entrada, Macuro, ignora este objetivo. Es absurda la actitud que toma el gerente de la industria (Sebastián Falco) al negar la entrega de la planta, cuando todos sabemos que la directiva de la fábrica, asentada en Caracas, ordenó entregar la misma a la población. Este contrasentido deja al personaje totalmente desnudo de credibilidad. El "aeroplano" es otro personaje que se estrella al arrancar. Aeroplano (Leónidas Urbina) es lastimosamente predecible; convirtiendo su desempeño en surrealismo puro.
A pesar de este "bache", Macuro no deja de tener fuerza estética y aciertos. La película no se desbarrancó por el despeñadero del panfleto político. Las actuaciones fueron sobrias y convincentes, algo que no abunda en la filmografía venezolana. El recurso de la cámara en mano evita lo que ha podido ser un discurso soporífero, confiriéndole dinamismo a la narrativa descriptiva. Es de notar el recurso del plano secuencia; sin exagerar, combinado con la cámara en mano y saliendo de ello con primeros planos o planos de hombros. Esto le confiere un ritmo y calidad estética notable a la película. No olvidemos que Jabes también tuvo participación en el montaje de su opera prima. La narración de la historia - pese a sus deslaves - también señala nuevos derroteros en el afán de marcar deslindes con el cine tradicional.
Hernán Jabes - no hay duda - es una realidad en el panorama cinematográfico venezolano.
Escrito por:
Pablo Arapé