lunes, 6 de junio de 2016

La imagen trashumante en la actuación cinematográfica


«La comprensión hará que un actor perciba adecuadamente
y la sensibilidad lo obligará a hacerlo con sentimiento».

Konstantin Stanislavski

  El uso de la imagen en el cine no escapa de la ritualización que pretende o presupone el exponer un contenido en términos simbólicos con una intencionalidad y que se va procesando desde el guión, tal cual ocurre cuando, en términos artísticos teatrales, se busca la puesta en escena con todo su artilugio y poderío. 
  En el viaje de realizar un producto audiovisual, la metamorfosis de la imagen es algo impredecible y sensacional. Partamos de la imagen literaria que despierta el universo creativo para la dirección fílmica; un entretejido que va disparando elaboraciones desde el texto hasta la fuente vivencial del creador (director, actriz, productores) generando un maridaje que entra en conciliación más que amistosa, algunas veces y en otras se hace presente una suerte de cirugía sobre lo ya creado que va dándole paso, en medio de cierta sensación de pérdida e incertidumbre a esa especie que se denomina VERSION, siempre en la búsqueda de lo concreto, de la materialización, denominada REALIZACION: ese accionar que persigue a la imagen como un fin. 
  La imagen inscrita en el guión cinematográfico, subjetiva siempre, pasa también por el tamiz de actores y actrices. Si hablamos de puesta en escena, al momento en que la producción y la dirección eslabonan el diseño técnico por el cual una escena va a ser ejecutada, la caracterización de los personajes busca su rumbo y aporta matices desde el trabajo actoral en contenidos cuyo procesamiento acude a un llamado de unidad de objetivo dramático que apuntala la dirección escénica. 
  Es bien sabido que en el teatro se apoya la construcción de los personajes y su desenvolvimiento dentro de la unidad orgánica de la imagen dramática, mediante una metodología detallada en ensayos que se va trastocando en ritmo y conjunto visual-auditivo más allá de la imagen y del símbolo. En consecuencia, el trabajo de caracterización es asumido como propio por parte de actores-actrices en el sentido de presencia física y mental sobre el escenario, dando proyección (imagen) desde su interioridad como unidad de sentimiento y comprensión del papel. 
  ¿Y cómo hacemos en el cine para proporcionar ayuda técnica a quienes representan personajes siendo este un trabajo de compleja resolución? 
  Si respondemos con franqueza, debemos admitir que esa ayuda cuando es proporcionada, es en muchos casos, de un carácter excesivamente superficial. No obstante y a pesar de que algunos directores declaran públicamente que su interés abarca con predominio el trabajo final en el cual la preparación de los actores no es una variable que tenga mayor peso, existen en nuestro país, intentos de darle una respuesta mediante la experimentación y la apertura en la mirada desde la cámara. 
  En una producción fílmica, por modesta que sea, que incluya el trabajo de actores- actrices, se debe asegurar una dimensión de los personajes por parte de cada actor-actriz y posteriormente garantizar en forma preliminar el ensayo necesario en el sentido de conectar la imagen hallada en el trabajo de mesa con su expresión externa, siendo este punto un quiebre para abordar la transformación de la imagen literaria en imagen viva, verosímil y cinematográfica. 
  Cuando el actor no haya sido tomado en cuenta desde su proceso creativo, cuando no se haya propiciado una dimensión del conjunto, es decir, de la conciencia de Ser del personaje y se incurriera en el evento de hacer simulacros de ensayos previos a cada toma sin que el actor-actriz traiga a la conciencia el devenir del personaje, será imposible que ocurra la magia de obtener una caracterización con calidad y en contexto con la unidad de imagen que se pretenda desde la silla del Director. Un actor cinematográfico debe entender que un fragmento de panorama o de algún fenómeno que preceda o suceda a la parte en que está su actuación, entrará sin duda como componente en la línea de su imagen, tal como será captada por el público espectador. 
  Observamos entonces, cómo la imagen trashumante, se trasunta, se transmuta, se permuta y adquiere una condición holística en cuanto a que el TODO es superior a la suma de sus partes y mucho mas acuciosa esta verdad, si hablamos de la imagen editada, aspecto medular del arte cinematográfico que marca la gran diferencia con el arte teatral. Más allá de no sentir la cercanía del público y su aplauso hacia lo bueno y feliz y su frío repudio por lo equivocado, el actor fílmico sólo cuenta con la atención pormenorizada del Director, único testigo coherente respecto al trabajo actoral y su discurso durante el rodaje de una película, de ahí que la soledad del actor durante la toma de las escenas descansa sobre este (el Director). Por esta razón aquí también, al igual que en Teatro, el actor debe creer en quien le dirige, no nada más como un teorista, una guía, un conocedor del camino sino que el Director debe ser un delegado sensible del futuro espectador que se admira o contraría de acuerdo a lo que se va desarrollando así como propiciador de un respeto profundo por el acto histriónico, que es, en definitiva, el hallazgo más poderoso y transformador dentro de la unidad de filmación.   
  Una imagen fílmica, referida al trabajo actoral es aquella retenida y fijada de una vez y para siempre en la película; una visión óptima y final del producto de un trabajo que ha sido amarrado en el transcurso de su proceso de acercamiento y creación a otro estadio de corte liberal, pragmático y técnico de acabado «perfecto». Lo cinematográfico como imagen-producto demanda, del actor de cine, preparación basada en el conocimiento de cómo explotar en forma consciente las posibilidades de las tomas desde diferentes ángulos, con intencionalidad definida respecto a la formación externa de su papel, además de una clara consideración de su aporte y colocación dentro de la composición espacial y de la edición total del filme, para que pueda comprender y proyectar, en consecuencia, las razones y los sentires más profundos del personaje. Para lograr atrapar mientras es atrapado por la toma definitiva, la que queda, la que conforma el conjunto en imagen editada de película, la que se estrena y luego entre muchas copias va a las redes, llega a las cinematecas y puede ser que, alcance los festivales nacionales e internacionales. 

Autora: 
FRANCIA ORTIZ 

  Nacida en Barquisimeto (1962),  actriz de teatro y cine. Docente teatral en las aéreas de actuación y expresión corpo-vocal. Dramaturga con acercamientos al guion cinematográfico. Ha participado en el trabajo de producción cinematográfica en cortometrajes y videos. Es directora del Taller Integral de Formacion Teatral de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado” de Barquisimeto. Poeta con publicaciones en revistas y páginas literarias y los libros: “Cuentos Cortos” (1987), “La que va conmigo” (2007) y “El árbol que espera” (sin publicar). Es licenciada en Administración Comercial (1995) con una maestría en docencia universitaria (2005) y diplomado en animación sociocultural (2007). Es facilitadora desde el 2002 del Taller Libre de Yoga de la UCLA.

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  La Mirada de HAL es un espacio de opinión sobre cine. Iribarren Films, como una contribución al desarrollo de la cultura cinematográfica, ofrece este medio para el planteamiento y la discusión de ideas con relación al séptimo arte. Sin embargo, las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad únicamente del autor.

1 comentario:

  1. Quien mejor que tan distinguida Directora para darnos de manera atinada tan importante formación actoral...100 puntos...Gracias.

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